Hay personas que disfrutan con juegos de apariencia agresiva, bien sea por querer probarlo todo, o bien por teatralizar la autoconfianza de la que carecen. Cuando una pareja práctica algún acto físico de dominio o sumisión, lo hacen con la intención de alcanzar un orgasmo mutuo y a modo de diversión. La sexualidad de la mayor parte de los hombres muestra una mezcla de agresión, de tendencia a dominar, como forma de vencer la resistencia del objeto sexual de un modo distinto a los actos de cortejo.
El sadismo se corresponderá implica actos (reales, no simulados) en los que el sufrimiento físico o psicológico (incluyendo la humillación) de la víctima es sexualmente excitante, llegando a la satisfacción con el sometimiento y mal trato de su objeto sexual, no puede funcionar apropiadamente en relaciones sexuales normales y recurre a personas, objetos o cosas que no pueden criticarle o hacerle sentir inseguro en su identidad sexual o en su ejecución sexual. Su necesidad más que sexual es en realidad psicológica: necesidad de control, necesidad de expresar su frustración o coraje, necesidad de olvidar sentimientos de inadecuacidad social, entre otros. La sexualidad se convierte en el instrumento.










