Lo primero que procede es daros la bienvenida a todos y agradeceros vuestra disposición a seguir este grupo. Sabemos el interés y la preocupación que suscita el tema de la consultoría cultural, y es que son muchos los asuntos que hay en el tintero de debate, pero quizás el primero que podemos plantear sea el de la definición de nuestro trabajo, aún más ¿qué es y quien es un consultor cultural?, ¿cuales son nuestras particularidades? Pero ¿cómo definirnos cuando el propio concepto de gestor cultural aún  se está perfilando?

En la práctica, cualquier persona que inicie su actividad como consultor en cualquier disciplina, se enfrenta al mismo tipo de retos. Seguramente, el más importante de todos sea cómo crear una firma de prestigio, o lo que es lo mismo, cómo ganarte la confianza de tus clientes y a partir de ahí, crecer.

Todos y cada uno de nosotros conocemos nuestras capacidades como individuos profesionales y nuestra capacidad de integrarnos en un equipo de trabajo. Pero la exigencia externa, la de nuestros clientes es bien distinta.

En cultura, hay quienes creen que el consultor es como una caja de Pandora: todos sabemos de todo lo concerniente a este complejo mundo desde lo más funcional, a lo más creativo e innovador.

En cierto sentido, algo de eso hay... para nosotros, gestionar antagonismos (crear/ organizar, innovar/ guardar la tradición, obtener resultados/ desarrollo o sostenibilidad, etc.) es el pan nuestro de cada día. No seremos artistas, pero sabemos de creatividad… o, seremos artistas, pero no nos queda más remedio que gestionar.

Ante la complejidad de todos los elementos que deben concitarse en un gestor, quizás definir nuestro perfil sea tarea tan compleja como la que acometemos en nuestro trabajo día a día.

Por desgracia no existe un barómetro sobre el talento, al final, el profesional se mide por su capacidad de poner en funcionamiento las herramientas que conoce y su capacidad de constituir un equipo, una red y una estructura organizacional multidisciplinar capaz de asumir de manera creativa, crítica y constructiva los riesgos de esta profesión compleja.

Lola Cañete (THALASA Gestión Cultural y Comunicación)